Lo más importante que poseemos los seres humanos en la vida,
es la vida misma, pero ésta debe ser consciente y con posibilidad de
desarrollo; si pudimos llegar a esta reflexión, es porque tenemos la capacidad
de entender, que es la facultad psíquica humana que nos
permite tener una idea clara de una cosa o circunstancia siendo la idea, la
representación energética mental abstracta del significado de la realidad o de
una ficción.
Con el entendimiento, los seres humanos, hemos podido crear
cultura y civilización que nos posibilita un desarrollo adaptativo social; así
mismo, a los seres humanos, esta capacidad nos da la característica específica
de entender que vivimos y valorar los estímulos de influencia y de respuesta de
adaptación, que podemos captar con la vivencia; así también como distinguir las
clases de vivencias, que son afectivas, razonativa-intuitivas y psicomotrices.
Con el entendimiento, también podemos mejorar las distintas
clases de vivencias, en una suerte de reestructuración de la memoria
autogénica, que es la información material.
La herencia más acorde con la realidad, es la herencia mental
simbólica cognitiva; es oportuno que recordemos los criterios dados por Erick
Kandel y Rodolfo Llinás, sobre la mente y el cerebro.
Eric Kandel, premio Nóbel de medicina del año 2000, en su tratado
“Neurociencia y Conducta” nos habla sobre la fusión del estudio de la conducta,
la ciencia de la mente, o sea la psicología, con la neurociencia, la ciencia
del encéfalo y dice:
“El
dogma central de dicha unificación es que lo que acostumbramos llamar mente,
consiste en una serie de funciones realizadas por el encéfalo. La acción del
encéfalo, subyace a toda conducta, no solo a las conductas motoras
relativamente sencillas, tales como andar y comer, sino a todos los actos
cognitivos complejos que asociamos con la conducta específicamente humana,
tales como pensar, hablar y crear obras de arte”.
Rodolfo Llinás, en un criterio concordante manifiesta que, al
abordar la mente desde un punto de vista científico, hay que considerar el
criterio monista que dice que la mente y el cerebro son una entidad única; es
necesario considerar algunas pautas básicas como la definición de mente o
“estado mental”; dice: “Desde mi perspectiva monista, el cerebro y la mente son
eventos inseparables. Igual importancia que lo anterior, tiene entender que la
mente o estado mental, constituye tan solo uno de los grandes estados
funcionales generados por el cerebro. Los estados mentales conscientes,
pertenecen a una clase de estados funcionales del cerebro, en los que se
generan imágenes cognitivas sensomotoras, incluyendo la autoconciencia”.
Se puede apreciar que, en la información grabada en la
materia vital genética, se encuentra la posibilidad de información de crear
función y materia; por eso, para armonizar el proceso mental, tenemos que
armonizar la memoria autogénica que es material energética, genética,
adaptativa, evolutiva y evaluativa, que está en un constante constructo, porque
la vida tiene una función de adaptación alostática, que es la adaptación con el
cambio en el futuro.
Podemos apreciar, que la vivencia engloba todos los estímulos
que van a reestructurar el cerebro y cuando se desarmonizan, con frecuencias
armónicas podemos armonizar a la unidad cerebro-mente.
Las vivencias que tuvo Bolívar a lo largo de su existencia,
forjaron una personalidad superior y la trascendencia de sus actos en la
realidad, fueron precisamente, el producto de su personalidad superior,
logrando pasar del pensamiento a la acción positiva. Esta acción se enmarca en
parámetros que se puede interpolar a la existencia de los seres humanos
actuales; por eso decimos que las ideas y la obra de Bolívar son orientadoras y
ejemplarizadoras en el mundo actual convulsionado, injusto y con una teoría de
valores en decadencia, producto de la corrupción. Por eso, la obligación
principal es desarrollar una pedagogía social de comunicación, que nos permita
el desarrollo con salud.
Dr. Fernando Guerrero Bermúdez.
Vicepresidente del Círculo de la Prensa del Ecuador